La diferencia entre el costo y el valor de la salud ocular – .

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En todo el mundo hay al menos 2.200 millones de personas con discapacidad visual de cerca o de lejos

Procesos inflacionarios crónicos como los que sufre nuestro país tienen consecuencias nefastas para la economía y la vida cotidiana de los ciudadanos. La distorsión relativa de precios es una de ellas, lo que significa que nada cuesta lo que vale y viceversa.

El costo de un servicio médico se compone, como cualquier otro servicio, de costos directos e indirectos, fijos y variables.. Son estos conceptos los que posibilitan el ejercicio de la actividad y el correspondiente beneficio a un paciente que padece una patología que debe ser atendida médicamente.

Los costos de operación son el valor mínimo para viabilizar cualquier acto, prestación, bien o servicio. Quien lo desarrolla, si no se le paga de esta línea para arriba, paga un servicio por el que se le debe pagar.

Como dice el talentoso Joaquín Sabina cuando el público exulta canta sus canciones: “¡Pues y además, en lugar de que me paguen, me pagan! ¡Gracias, es maravilloso!”

En el sistema sanitario es muy habitual, pero dista mucho de ser una maravilla como la muestra de cariño y admiración que el público le devuelve al cantautor andaluz cuando interpreta Calle Melancolia. En el sistema de salud, muchos servicios se pagan por debajo de sus costos reales. Actualmente, el precio de una consulta oftalmológica pagada por el Estado, obras sociales y prepago, salvo honrosas excepciones, es inferior a los costes necesarios para su realización. Por lo tanto, aunque parezca increíble, el médico paga por tratar, lo que se agrava aún más en un proceso de inflación sostenida y el alto grado de impago de las facturas a cargo del Estado, la seguridad social y el prepago en general.

Los servicios prestados y pagados por debajo del costo son el preludio de la imposibilidad de sustentar a los médicos, las estructuras y los miles de puestos de trabajo que giran en torno al sector salud, tanto los directamente vinculados al acto médico como los miles indirectamente relacionados con él, que brindan bienes y servicios a los proveedores de atención médica.

En oftalmología, desde CAMEOF, la cámara que agrupa a clínicas, institutos y prácticas de oftalmología, se ha ponderado este retraso, que actualmente supera el 168% en muchos departamentos. Esta brecha creciente por la inflación es cada vez más difícil de resolver y es necesaria una recomposición de valores que contemple esta realidad.

Sin embargo, si hiciéramos una recomposición de estas características, tocaríamos la propia línea de flotación. Es decir, para cubrir los gastos.

Es hora pues de preguntarnos y cuestionarnos profundamente como sociedad, cuánto vale la salud visual de los ciudadanos, no es lo mismo que cuesta, es decir, su costo. Parece una disertación semántica, pero su significado es mucho más importante.

Uno se pregunta qué valor le damos a la salud y, en particular, a la salud ocular. La visión es uno de los sentidos más valorados por el ser humano. Sin embargo, el sistema de salud está sobrecargado de costos y como dijimos hoy, los costos fundamentales o básicos no están cubiertos.

Argentina, por diferentes razones, tiene una capacidad médica, tecnológica y de infraestructura que la distingue a nivel mundial. Sin embargo, esto no es sostenible en estas condiciones y el deterioro de esta capacidad necesariamente tendrá un impacto en la calidad de vida de los ciudadanos.

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Según los Datos y cifras de la OMS sobre la ceguera y la discapacidad visual, se estima que aproximadamente 1300 millones de personas en todo el mundo viven con algún tipo de discapacidad visual.

Las principales causas de la mala visión son los errores de refracción no corregidos y las cataratas, dice la OMS en su informe de febrero de 2021. También afirma que la mayoría de las personas con discapacidad visual tienen más de 50 años.

La Organización Mundial sostiene, según sus registros, que hay al menos 2.200 millones de personas en el mundo con problemas de visión cercana o lejana. En al menos mil millones de estos casos, casi la mitad, la discapacidad visual podría haberse evitado o aún no se ha aplicado el tratamiento.

La déficience visuelle, conclut l’OMS, représente un énorme fardeau économique mondial, avec des coûts annuels dus à la perte de productivité associée aux déficiences visuelles myopes et presbytes non corrigées estimés à 244 milliards de dollars et 25,4 milliards de dollars, respectivement , en el mundo.

La ceguera no debe ser motivo de estigmatización, todo lo contrario. La inclusión, la prevención y la rehabilitación se enfrentan al valioso aporte de entidades como la Fundación Nano en Argentina o la Once en España, con años de trabajo en este sentido. Pero lo que es imperdonable es que un ser humano pierda la vista cuando hoy es médica y tecnológicamente prevenible.

Quizás la naturaleza humana hace que algo como el cuidado de los ojos sea valioso cuando se pierde o se pierde.

Hoy tomar conciencia del posible desmantelamiento de la capacidad oftalmológica instalada en Argentina es un llamado a la responsabilidad de la comunidad. Una cuestión de humanidad en primer lugar, de inteligencia social en segundo lugar, y de impacto económico y social por la diferencia de beneficios que esto podría significar si no cambian las condiciones de sustentabilidad.

Las actitudes dilatorias y negligentes y la falta de hacerse cargo de este problema agravan cada vez más el deterioro de los servicios. El silencio y la falta de respuesta de los responsables de la financiación de esta especialidad muy probablemente les ha ahorrado un lugar oscuro y lúgubre, no desde donde desarrollan su actividad cotidiana sino en la historia de nuestro país y la salud de sus ciudadanos.

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