Una oportunidad de oro para las relaciones internacionales de Colombia – .

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El cambio político en Colombia, que comenzó con la llegada al poder de Gustavo Petro, debe darse también en sus relaciones internacionales. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia ha vivido un largo período de estancamiento. Son varios años en los que su política ha estado muy ligada al uribismo. La consecuencia más lamentable para los intereses de los colombianos de esta ideologización ha sido la ruptura de las relaciones con Venezuela. Y quizás lo más peligroso para el país fue la participación abierta de diplomáticos colombianos en la campaña electoral de Estados Unidos, con su apoyo a Donald Trump. El gobierno de Duque pagó caro esta temeraria directiva gubernamental.

El impulso que necesita el acuerdo de paz, que lleva cuatro años paralizado, está dando al Gobierno emergente un perfil claro en su política exterior. Por ello, redefinir la presencia internacional de Colombia en diferentes escenarios debe ser una de las máximas prioridades del canciller Álvaro Leyva.

Sin duda, las relaciones con Estados Unidos darán un giro que, de ser manejado con altura por ambos países, podría convertir a Colombia, por primera vez, en un socio confiable en la región. El objetivo de lograr la integración de América Latina para defender los intereses comunes por encima de la ideología de los distintos gobiernos, expresado tanto por Gustavo Petro como por el presidente chileno Gabriel Boric, podría también integrar a los Estados Unidos, sobre todo, en la propuesta de los dos gobiernos progresistas latinoamericanos por la protección del medio ambiente y la biodiversidad. En el país norteño nunca había habido un presidente tan implicado en la lucha contra el cambio climático y en aportar todos los recursos para la defensa de la biodiversidad en las diferentes regiones del mundo.

El manejo que Colombia le dé a esta nueva etapa que se abre con Venezuela, ahora que se han restablecido las relaciones diplomáticas, podría convertirse también en un punto de encuentro con la política internacional de Estados Unidos. El presidente Biden, espoleado por la guerra de Rusia contra Ucrania, ya expresó su intención de cambiar el rumbo de su relación con el gobierno venezolano. Gustavo Petro y su ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva, podrían convertirse en un puente de diálogo entre Venezuela y Estados Unidos, cuyo objetivo sería una apertura del vecino país para volver a la normalidad democrática, que comenzaría con la celebración de elecciones con garantías para todos los partidos políticos y que, a su vez, aprueba la no intervención del país del Norte en las decisiones autónomas de Venezuela como país.

En cuanto a las relaciones bilaterales entre la primera potencia mundial y Colombia, habrá varios puntos críticos, pero si se manejan con una diplomacia acorde a las circunstancias, le brindarán al país la primera oportunidad, quizás en más de un siglo, de hablar abiertamente. y cara a cara con Estados Unidos en temas tan sensibles como la lucha contra las drogas y el no uso del glifosato, la explotación de los recursos naturales y la protección de la biodiversidad, la colaboración en defensa, y los aspectos que más afectan a los agricultores y productores en el TLC firmado entre ambos países. Y al revivir el acuerdo de paz, el gobierno de Petro podría lograr que la nación norteamericana proporcione más recursos para la paz, a cambio de los que recibe para la guerra. Nada será un lecho de rosas, porque el halcón norteamericano no se convertirá mágicamente en paloma. Pero Colombia puede pasar de ser un país que siempre tiene la cabeza gacha a un país que mira de frente a la hora de hablar y negociar.

Estados Unidos ha perdido influencia en América Latina, realidad que ha logrado socavar su imagen y prestigio internacional. En pleno siglo XXI, los disímiles gobiernos de la región le hicieron sentir que esta región ya no podía ser considerada el patio trasero de su política internacional. Sin embargo, la región tampoco ha podido fortalecer su integración: la estrechez de las propuestas y las pocas acciones no han logrado proteger el medio ambiente ni permitir el disfrute de los beneficios que genera la riqueza natural de la zona.

Avec la direction des nouvelles forces progressistes au Chili et en Colombie, et avec le possible gouvernement de Lula da Silva au Brésil, l’Amérique latine pourrait venir à la table pour négocier des changements qui la favorisent par rapport aux décisions des États-Unis pour la región. Colombia, quizás más que nunca, con la llegada de la izquierda al poder por primera vez, se encuentra en un momento histórico privilegiado para llevar a cabo un diálogo internacional en la región, que podría garantizar que, por primera vez en América Latina, hay una agenda democrática, constructiva, progresista, ambientalista y solidaria.

Otra gran oportunidad para el nuevo gobierno de Gustavo Petro radica en sus relaciones con la Unión Europea (UE). Tiene un gobierno progresista en España, cuyos partidos de coalición, Psoe y Podemos, encontrarán verdaderos puntos de contacto sobre la cuestión de Colombia, ya que ambos están interesados ​​en contribuir al desarrollo del acuerdo de paz y al avance de la mejora social y condiciones democráticas que el nuevo gobierno colombiano ha prometido a todo su pueblo.

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Lo mismo sucede con el grande de Europa, Alemania. Los partidos que allí gobiernan, de carácter progresista, serían un aliado perfecto para el avance de los programas de paz, así como para contribuir al desarrollo de proyectos de gran envergadura para la defensa del medio ambiente y la biodiversidad, si se tiene en cuenta el lugar geoestratégico que ocupa Colombia en América del Sur debido a que forma parte de la región amazónica y al mismo tiempo se beneficia de numerosas reservas naturales en diversas partes del país.

La UE, además de su apoyo irrestricto al acuerdo de paz, estará muy interesada en apoyar todos los esfuerzos medioambientales, los avances en la reforma de la educación, la sanidad, la inclusión social y los programas de minorías, así como el gran esfuerzo que pondrá la administración que comienza con la defensa de los derechos humanos. Este apoyo se verá desde el inicio del nuevo gobierno, en lo político y en la provisión de recursos, pues todos los temas de cambio que se ha comprometido a desarrollar Gustavo Petro son, precisamente, todas las áreas de mayor interés para todos. de los países de la UE.

Gustavo Petro, para encontrar el apoyo que necesita de la comunidad internacional, tendrá que demostrar desde el principio que Colombia es un socio confiable. Que el país respetará las decisiones de la Asamblea de Naciones Unidas, y que dejará de ser un socio que dice sí a todo lo que le pida Estados Unidos, para convertirse en una voz que defenderá los intereses del país, de la región y el mundo, siempre que no contravengan los principios democráticos y los derechos humanos.

Su primer paso sería, como lo hizo el presidente de Chile, Gabriel Boric, condenar la guerra de Rusia contra Ucrania, y no poner en pie de igualdad al país agresor y al país víctima. El gobierno de Petro, que ha designado a un hombre de paz como ministro de Relaciones Exteriores, debe entender desde el principio que la equidistancia en este caso sería ponerse del lado del agresor, contra el país víctima, y ​​al menos 141 países, incluidos ellos mismos, que en el La Asamblea de las Naciones Unidas ha condenado a Rusia por la guerra contra un país que nunca ha atacado su territorio ni a sus nacionales.

La firmeza en las relaciones internacionales para defender los intereses de Colombia y la voluntad de llegar a acuerdos harán de este país un aliado natural de la Unión Europea y un socio respetable de Estados Unidos. Este momento, y no otro, es crucial para que Colombia pase de ser un país azotado por la guerra, la violencia, el hambre y los narcóticos, a un lugar en el mundo donde el cambio beneficie a los campesinos, a los harapientos, a las minorías étnicas, a las víctimas de la guerra y en áreas tan importantes como la educación y la salud, marcará un antes y un después entre esta Colombia servil en el escenario internacional y una Colombia que paulatinamente se irá consolidando como un verdadero socio confiable; un miembro de la comunidad internacional que sentará las bases para desterrar para siempre la ideologización de sus relaciones internacionales.

Corresponde al nuevo presidente sacar a Colombia del atolladero dejado por quienes nunca gobernaron por Colombia, pero que período tras período utilizaron las riquezas del país únicamente en beneficio de sus propios intereses y de las relaciones internacionales, básicamente, para poner a empresarios, familiares y amigos en representaciones diplomáticas, para vivir cómodamente de los impuestos de todos y ceder la soberanía del país sin preocuparse por el daño que le causen a cualquier nación.

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