Gustavo Petro puede ser el presidente de Colombia que prometió ser como candidato

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Olga Behar es una periodista, politóloga y escritora colombiana. Durante más de 30 años ha investigado el conflicto armado y político en Colombia. Autor de veinte libros.

No es lo mismo ser candidato que ser presidente. Así parece entenderlo Gustavo Petro, quien ganó las elecciones presidenciales en Colombia el pasado 19 de junio, y al que le tocó ganar sus propuestas de campaña y los compromisos que adquirió con sus más de 11 millones de votantes.

Colombia vive un momento de esperanza y entusiasmo por el cambio que ofrece el primer presidente de izquierda de su historia. Desde su elección, el futuro presidente ha logrado acumular cómodas mayorías en el Congreso y ha logrado distanciarse de la ideología de extrema izquierda. Sin embargo, sus propuestas son tan radicales que, incluso en esta situación, le resultará muy difícil cumplir lo prometido.

En su discurso de victoria, el presidente electo dijo: “Vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque nos encante. Esto confronta de lleno el fantasma que siempre ha rondado a Petro: el de su supuesta cercanía con las ideas castro-chavistas. Y para que no quede duda, nombró ministro de Hacienda a un economista ortodoxo, el profesor José Antonio Ocampo.

Paz, justicia social y una gestión industrial y extractiva con pleno respeto al medio ambiente fueron los mantras de Petro durante la campaña electoral. También ha tomado medidas sobre estos temas. La primera fue el 28 de junio, cuando asistió al acto de entrega del informe final Hay un futuro si hay verdad presentado por la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad. Esta investigación fue

, que asegura que no es equilibrado en su forma de presentar los hechos ocurridos durante 60 años de conflicto armado en Colombia. Pero esto parece no preocupar mucho al presidente electo, quien anunció durante la ceremonia que su gobierno respetaría las recomendaciones sugeridas por el informe para garantizar la construcción de una paz estable y duradera.

Posteriormente, con el nombramiento de su Ministro de Relaciones Exteriores, el gran paladín de la paz Álvaro Leyva Durán, firmó este testamento. Además, delegó en el nuevo ministro de Relaciones Exteriores la tarea de planificar la reanudación inmediata de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, rotas desde que el actual presidente Iván Duque reconoció a Juan Guaidó como presidente interino del vecino país.

Aunque estos han sido primeros pasos bastante sólidos, el mejor de sus avances ha sido mirar más allá de la violencia endémica o de los graves problemas de desigualdad social y económicos que vienen desde que, en los años 50 del siglo pasado, comenzó la verdadera industrialización Del país. Sin embargo, será un desafío adicional tratar de revertir la forma en que el presidente Duque y sus compañeros de gobierno, al borde de la desaparición, aprovecharon hasta el último minuto para cerrar contratos multimillonarios, poniendo en peligro las condiciones futuras. del presupuesto nacional- y dejando a sus familiares en las juntas directivas, notarios y cargos diplomáticos. Y lo más grave de todo, una estela de corrupción que ha causado gran indignación.

Todos estos problemas han sido destacados en la relación de la articulación entre el gobierno que sale y el que entra. Según los delegados de Petro, el gobierno de Duque ha raspado el botín del erario público y ha dejado sin financiar programas sociales tan importantes como el Ingreso Solidario, que actualmente beneficia a cuatro millones de ciudadanos en situación de extrema pobreza, que ya no recibirán un subsidio cada dos meses equivalente a aproximadamente $90 por hogar. Entonces, aunque las intenciones sean las mejores, será muy difícil intentar trabajar con el cambio social prometido sin los recursos para desarrollar los programas.

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Con su toma de posesión el 7 de agosto, entrará en vigor un gran acuerdo nacional con la mayoría de las fuerzas políticas del país, que será el punto de partida para lograr lo prometido durante su campaña.

Simultáneamente, reactivará el proceso de paz con las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que Duque congeló durante cuatro años, y presentará al Congreso un proyecto de reforma tributaria para poner a los más ricos del país, que se benefician con millones de dólares. . exenciones de impuestos en dólares.

Y para tratar de aprovechar la gobernabilidad de la que goza, con una cómoda mayoría del 70% tanto en la Cámara como en el Senado, deberá actuar con rapidez ante otro tema controvertido: el traslado de la Policía -actualmente adscrita al Ministerio de Defensa— a una nueva cartera, la de Convivencia y Paz. Porque sabe que las alianzas son sólidas, pero no incondicionales, lo que abre la puerta a las primeras contradicciones políticas. Sin embargo, de más está decir que el planteamiento de sus primeras propuestas de cambio contará con el apoyo de estas mayorías.

Otro tema que pondrá en juego la coalición es la negociación con todos los actores de la guerra interna que atraviesa Colombia, un entramado de procesos que ha bautizado como “Paz Total”, y que incluye a la guerrilla de izquierda Ejército de Liberación Nacional, así como a como paramilitares, narcotraficantes y los dos grupos escindidos de las FARC que fueron marginados por el acuerdo de 2016. Negociar, por ejemplo, con quienes asesinaron a 36 policías este año en un infame y famoso “Plan Armas” causa picaduras, incluso entre algunos de los que apoyar al nuevo gobierno. No será fácil convencerlos de que apoyen esta iniciativa de paz.

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Si Petro no logra avanzar con rapidez en el primer año de gobierno, enfrentará retrocesos, pues la campaña para las elecciones territoriales -alcaldes, gobernadores, diputados y concejales regionales- coincidirá con su segundo año, y ya sabemos que la política La clase no conocerá lealtades a la hora de ganar poder local. Y son tantos los cambios sociales que ha prometido que será arriesgado dejar temas como la reforma sanitaria, la renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos, la creación de entidades para gestionar la compra de cultivos y la manejo de semillas, y la creación de condiciones para enfrentar el problema fundamental de los cultivos ilícitos, que tanto ha afectado a los territorios. Si el nuevo presidente no logra tener mayorías a su favor después de la luna de miel, las calles podrían volver a convertirse en escenarios de confrontación social debido a la frustración popular ante la imposibilidad de ver cumplidas sus promesas.

Este domingo 7 de agosto, con una multitudinaria celebración que reunirá a más de 200.000 personas en el centro de Bogotá, Gustavo Petro recibirá la tan ansiada banda presidencial y comenzará a encabezar las grandes reformas estructurales y éticas que ha propuesto para el país. . El centro y la izquierda gobernarán Colombia por primera vez en más de 200 años de vida republicana, y del éxito de Petro dependerá que Petro pueda encontrar un camino hacia la paz y el progreso para esta atribulada nación.

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Gustavo Petro puede ser presidente Colombia prometió ser como candidato

 
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