Giovani dice que tiene tres vidas después de sobrevivir al Covid

Giovani dice que tiene tres vidas después de sobrevivir al Covid
Giovani dice que tiene tres vidas después de sobrevivir al Covid
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como un milagro Así sienten en el metro la presencia en sus instalaciones de Giovani Acosta Restrepo, un empleado con 26 años trabajando en la empresa y que el año pasado, aquejado de covid, tuvo las experiencias más fuertes de su vida, las cuales fueron de tan alto riesgo que incluso le aplicaron los santos óleos.

Todo comenzó el 25 de junio de 2021, cuando Giovani ingresó a la clínica CES desde la sala de emergencias. de la que partió el 16 de septiembre convertido en otra persona, física, mental y espiritualmente. Ahora, 13 meses después, se siente un Giovani más, más humano y consciente de que hasta las cosas más sencillas deben disfrutarse, como pasear o tomar un café.

En esencia, el Giovani Acosta de hace un año es el mismo hombre trabajador, cariñoso, sencillo de hoy, pero con nuevos sentimientos y otro tono de voz, como le ha pasado factura al hospital.

Antes de ingresar a la unidad de cuidados intensivos de la clínica, su vida era tranquila. Trabajó como operador de línea de metro, con la función de monitorear el funcionamiento de todo el sistema, incluidos los cables de tren, tranvía y metro. Es él quien da cuenta de todo el progreso del sistema. Lo obliga a hablar 8 horas de las 9 que dura el turno.

Pero a mediados del año pasado, estábamos en medio de una pandemia y el covid-19 eligió a cualquiera, como si fuera un macabro juego de azar: “Tenía planeada la vacuna, pero en la encuesta de la empresa reporté molestias en la cuerpo, la recomendación fue que consulté, lo hice y el médico me mandó a casa, me hicieron la prueba y yo di positivo. Me encerré dos días y tuve que ir a urgencias porque los síntomas empeoraron”, recuerda. Todo terminó dos días después en una cama de cuidados intensivos, donde fue intubado, y la oscuridad entró en su vida.

Con santos óleos

Fue allí donde Giovani pasó sus días más difíciles, aunque curiosamente él no lo sabía. Intubado y anestesiado durante dos meses, mientras dormía plácidamente, su vida se vería truncada. Y los que padecieron por él fueron su esposa Yulieth Ardila y su hija de 22 años.

“Fue muy difícil, porque apenas nos permitían acompañar a los enfermos, solo 15 minutos diarios y yo lo aprovechaba al máximo, al final me dejaron quedarme más horas al ver que mi presencia los hacía sentir bien, —dijo Yulieth—. Los altibajos de la salud de su esposo son tan numerosos que los médicos desesperan y recomiendan una visita a un sacerdote. “El padre vino a aplicar los santos óleos, pero yo le dije que no, que lo visitara pero que no le hiciera esto porque se iba a levantar. El padre insistía en que les ayudara a morir en paz”, recuerda.

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Y aunque no se perdió la fe, el pronóstico médico no era alentador. Yulieth era todo sacrificio y lucha y junto a su hija logró un milagro: un día Giovani despertó, y aunque era alguien muy diferente, para ella era el mismo que había conocido hace 30 años en una fiesta, cuando ambos tenían 18, se enamoraron y quedaron unidos para siempre.

Un Giovani más espiritual

Luego de varios días de despertar de la inconsciencia, el 16 de septiembre, Giovani salió del hospital transformado en otro: no tenía voz, pues tras ser extubado le conectaron una traqueotomía que dañó sus cuerdas vocales. No podía caminar, comer o bañarse solo. estaba calvo Y pesaba 30 kilos menos.

“Yo era un niño aprendiendo todo de nuevo, Logré dar el primer paso en noviembre y fue todo un acontecimiento, las cosas que antes hacía naturalmente ahora eran como milagros, ver lo que cambié fue muy impresionante”, dice Giovani, siete meses después de haberse reincorporado a la misma posición en el Metro.

En el reencuentro con sus compañeros hubo bombas, aplausos, lluvia de abrazos y sonrisas de alegría porque el que un día muchos pensaron que no se levantaría estaba ahí, con ellos.

Y esta apoteosis de amor y apoyo lo ha vuelto casi igual que antes. en lo fisico ha recuperado los 30 kilos perdidos, le ha vuelto a crecer el pelo, ya puede hablar las nueve horas de turno, aunque con un timbre menos sonoro, y camina con su mujer y su hija en brazos. Esto fortaleció los lazos familiares.

“Esta segunda oportunidad que me dio Dios de ver el sol en la mañana, abrazar a mi familia, poder caminar o tomar un vaso de agua me ha hecho una mejor persona, que valora lo que tiene y hasta se replantea una muchas cosas de la vida”, dice Giovani envuelto en una nueva y única espiritualidad.


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